martes, 3 de enero de 2012

mito de la ceramica NUNKUI


El proceso cerámico parte de un mito: el de Nunkui o madre tierra, dueña de la tierra, de todo ser viviente que existe bajo tierra, de todos los tubérculos que crecen en ella, de los animales domésticos y de los perros de caza. Las mujeres que han visto a Nunkui la han reconocido como a una mujer pequeña y gorda, todas las mujeres también son hijas de Nunkui. La mujer para encontrar este Arútam no va a las cascadas sino que ingiere zumo de tabaco en sus propias huertas. Comienza con la iniciación de la mujer a partir de su primera menstruación en la fiesta de Nuwa tsanku.

El mito nace cuando la gente Shuar era recolectora, sólo vivía de los frutos que encontraba en su entorno y una mujer luego de caminar por mucho tiempo por el río, muerta de hambre, logra divisar a otra mujer que lavaba muchos tubérculos en el río, la mujer desesperada se acerca para que le brinde algo de comer. Vio sus chankin llenos de comida y le preguntó si le podía dar algo. La mujer dijo: yo soy Nunkui, dueña de todos los tubérculos, de los chanchos y de las gallinas, te puedo dar todo si cuidas a mi pequeña hija. Todo lo que le pidas de lo que yo tengo, ella te dará y si no la tratas bien, todo lo que te ha dado te quitará. La mujer tomó ala niña y la llevó.

Su casa se llenó de tubérculos que pedía a la niña; por primera vez brindó a su marido chicha y todo era prosperidad. Un día la mujer salió a la huerta y dejó a la niña con sus hijos. Los niños comenzaron a pedir cosas absurdas, como culebras, cabezas de monos etc. la niña traía los cuerpos de los animales sin sus cabezas, y los niños enfurecidos le echaban ceniza en sus ojos. La niña empezó a llorar sin consuelo y subió por el pilar de la casa llamado pau hasta llegar al techo; su llanto ocasionó grandes tormentas. Se escondió en una caña guadúa. Al regreso de la mujer a su casa, vio todo lo que había pasado e intentó sacar a la niña de la caña pero le fue imposible, la niña bajó por esta y entró debajo de la tierra, la mujer al cortar la caña sólo encontró tres piedras rojas que parecían de sangre llamadas nántar.

Nunkui al ver lo que le hicieron a su hija, se enfureció y los maldijo, diciéndoles que desde ese día ellos tendrían que sembrar sus propios cultivos, y que recibirían poco de sus huertas, que deberán trabajar muy duro para obtener los tubérculos que crezcan en ella. Por eso las mujeres acompañan sus cultivos en la huerta con anents o cantos para Nunkui, para que haga pródigas sus huertas y sus animales domésticos. Siempre colocan los nántar en la huerta, dentro de un pinin boca abajo ya que de esta forma no se escapará la niña y proporcionará buena cosecha.

De esta manera Nunkui también se convierte en dueña de la arcilla y de todos los objetos cerámicos, dando origen al mito de Nuwe “la arcillaç”, según el cual antiguamente las piezas cerámicas se hacían solas, las mujeres no tenían que fabricarlas, todas ellas eran hechas por Nunkui, eran de gran belleza y resistencia, hasta que ella un día descubrió a unas mujeres que la desafiaron tratando de hacer mejor cerámica que ella, para conquistar a los hombres, por lo que las maldijo diciéndoles que en adelante siempre tendrán que fabricar sus propias piezas, reconocer la buena arcilla ya que si utilizan la de mala calidad, se quebrarán y deberán sufrir en su manufactura y cocción.

De todas maneras ellas siguieron con su labor, fabricando utensilios de mala calidad, y no compartían a ninguna otra mujer sus conocimientos. Un día un joven cazador se había casado con una mujer muy hermosa, que recibía de su marido las mejores presas de su cacería, pero se avergonzaba porque no tenía en qué cocinarlas, por lo que rogaba a estas mujeres que le enseñasen a trabajar la cerámica, lo que nunca consiguió. Estas mujeres, llenas de envidia, siempre pretendían conquistar a su marido con sus objetos cerámicos, diciéndole que sí
tenían dónde cocinar sus presas cazadas, pero nunca se dejó convencer. Hasta que un día la mujer al descubrir esto, persiguió a las otras para ver de dóndeobtenían la arcilla; escondida, las vio jugar con el barro y desparramarlo por todo lado burlándose.

Nunkui al descubrir esto se enfureció y las maldijo, dejándolas estériles e incapaces de trabajar arcilla, no entendía cómo habían irrespetado a la mejor arcilla que servía para formar los genitales de la mujer. La mujer escondida salió y le rogó que le enseñe todo el arte de fabricar la arcilla. Nunkui confió en ella, le dio su mejor barro y le enseñó a fabricar la olla para cocinar llamada ichínkian, la olla para fermentar la chicha “muits”, los platos para servir la comida “pinink”, el pozuelo para beber la chicha “umámuk”, el pozuelo para beber la guayusa “yukunt”, y el vaso para tomar tabaco y natém “nátip”.

Le enseñó que cada pieza cerámica debía ser trabajada en tablas “tatank” diferentes para que no se destruyan al transportarlas, a trabajar la arcilla con cordeles, a alisarla con cáscara de kuíship, a cocinarla cubriéndola con leña, apintarlas con pura y kitiún (pigmentos), barnizarlas con chipia e impermeabilizarlas con cera kantse. Todo esto acompañado con anents o cantos propios para que el trabajo de buenos resultados, soplando en sus manos para transmitirle el poder.

Nunkui, sin reserva alguna, transmitiendo estos conocimientos de generación en generación.